Me diste momentos hermosos que nunca olvidaré, pero ahora cada uno de nosotros debía seguir su propio camino.
Dejé de ser yo por hacerte feliz, pero eso se acaba hoy porque yo no sé mentir.
Gracias por enseñarme que, en esta vida, nadie es imprescindible.
Pensé que nuestra magia había terminado cuando todo había sido imaginado.
No me importa a quien tengas ahora, lo único que me interesa es saber que yo estoy bien.
Muchas veces estamos inconformes, pero al tiempo nos daremos cuenta de lo felices que éramos.
No hace falta que disimules, ya sé que estás con otra persona, y me da exactamente igual.
Aprendí que la soledad se puede convertir en una aliada para enfrentar tus mentiras.
Ahora que me has perdido te das cuenta de lo bien que estabas conmigo.
Me han dicho que has conocido a alguien, pero yo sé que todavía piensas en mi.
Es gracioso pensar que sin ti puedo ser mucho más feliz de lo que creía, hasta el punto de no recordarte ni un segundo de mi día.
Escuché tantas promesas falsas que acabé pensando que mi vida era una mentira.
A mi lado siempre tuviste un hombro donde recostarte, ahora no te queda más que valorar lo que perdiste.
Siempre estuve presente a tu lado y nunca te enteraste de lo mucho que me hacías daño.
Ahora me doy cuenta que tu eras mi limitante, y que ahora sin ti puedo seguir sin parar.
Me pediste tiempo, y te lo agradezco porque me sirvió para darme cuenta de que hay vida más allá de ti.
El amor es algo tan frágil como un cristal, y lastimosamente no se puede recuperar una vez roto.
Te creías diferente pero acabaste por ser igual a los demás.
Lo mejor de nuestra historia de amor es que se terminó.
Todo el mundo tiene un límite, y tú traspasaste el mío.