Ahora que me has perdido te das cuenta de lo bien que estabas conmigo.
A veces me pregunto, ¿Por qué me esfuerzo tanto en ser simpática contigo?
Si te ignoro es porque no significas nada para mi.
Pensé que me había enamorado de ti, pero cuando te conocí bien, me di cuenta de que no eras para mi.
Si yo quiero y tú quieres…¿por qué ninguno de los dos da el paso para comenzar a hablar?
No paro de mirar el celular… Aún tengo la esperanza de recibir un mensaje tuyo.
Tu amistad no vale nada, así que decidí alejarme de ti.
Tengo muchos planes para estos días, pero para que estén completos me falta una persona en ellos.
No sé cuanto tiempo podré seguir disimulando todo lo que siento por ti.
Pensaba que en la idiotez había unos límites, pero conociéndote me he dado cuenta de que no.
No me interesa lo que digas de mi, hace tiempo que dejé de prestarte atención.
Dejé de ser yo por hacerte feliz, pero eso se acaba hoy porque yo no sé mentir.
No entiendo como teniéndome tan cerca andas hablando con todo el mundo menos conmigo.
A veces pienso que no te queda claro lo mal que me caes, y la poca paciencia que te tengo.
Cuando se abre tu boca para hablar, se cierran mis oídos para escuchar.
Me han dicho que has conocido a alguien, pero yo sé que todavía piensas en mi.
Basta un poco de tiempo para descubrir quien vale realmente la pena y quien no, y tú estás en el segundo grupo.
Eras la que más hablaba de amistad, pero no cumples ni una de las cosas que predicas.
Me gusta darme cuenta como me mientes en la cara y finges simpatía.
No sé si ya te había dicho que después de lo que pasó tu amistad la guardé en un cajón.